“Él pensaba que la redención estaba cerca y que los sueños escritos en su cerebro nunca se cumplirían. Quería decirse a sí mismo que ya era tarde, que era imposible tener aquello que deseaba.
Quizá estaba asustado… o puede que simplemente se rindiese. Pero lo que no sabía es que marcharse no haría que le olvidaran sino que le necesitaran más.”
Cometemos demasiados errores y lo peor es que no sabemos enmendarlos ni rectificarlos.
Y no, la felicidad no está en la popularidad que la vanidad nos puede proporcionar. Porque yo sigo debajo de la cama, esperando ser descubierta.
La felicidad es más simple y menos humillante.
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